jueves, 1 de noviembre de 2012

Al margen de la isla


Y que vemos entonces, si no son
soles quemándose

vasto es el horizonte
inflamado
de azul y naranja

Agachado ante el cielo
que de a gritos nos pinta su temperamento

Desolado, el llano,
desahuciado el polvo escurrido como aquellas ideas
arraigadas al sistema cloacal de los valores

El fuego del grito
necesita quemar nuestra razón

El cielo es el espejo de nuestra inmaculada violencia
de nuestra purificada desesperación

Existe además cierta tranquilidad
que puede invadir nuestro cuerpo al escuchar el ruido del oleaje
contra las piedras , el viento, permanente persistencia

Todos los animales reposan en infinitos horizontes
 antes que el grito final los consuma

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