Y que vemos entonces, si no son
soles quemándose
vasto es el horizonte
inflamado
de azul y naranja
Agachado ante el cielo
que de a gritos nos pinta su temperamento
Desolado, el llano,
desahuciado el polvo escurrido como aquellas ideas
arraigadas al sistema cloacal de los valores
El fuego del grito
necesita quemar nuestra razón
El cielo es el espejo de nuestra inmaculada violencia
de nuestra purificada desesperación
Existe además cierta tranquilidad
que puede invadir nuestro cuerpo al escuchar el ruido del
oleaje
contra las piedras , el viento, permanente persistencia
Todos los animales reposan en infinitos horizontes
antes que el grito
final los consuma
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